El apéndice del mundo
A veces cuando nos referimos a algo que nos es muy inútil lo denominamos apéndice. Quizás porque es uno de esos órganos sin los cuáles podemos vivir. Digo, no es que no tenga importancia, si por algo lo tenemos es porque tiene una función, esa evolución no puede estar equivocada, pero no es tan importante como el corazón o el hígado o el páncreas o alguna otra tripa que nos permita llevar una vida a la que estamos acostumbrados (alcohol, comidas irritantes, glucosa, etcétera).
De seguro el mundo, tiene un apéndice. Podrían ser los indigentes (creo que el mundo puede prescindir de ellos), los niños del África (ni modo Bono, Angelina Jolie o algún otro artistilla de Hollywood, tendrán que buscarse otra cosa con qué hacerse más popularidad), quizás tampoco necesitemos las religiones, ni al papa, sacerdotes (escribiría “armas”, pero nunca se sabe cuándo puedan atacar los extraterrestres), bueno, aquí va una gran lista de cosas innecesarias con las que el mundo como tal, puede seguir adelante. Por ejemplo, los países y la población tercermundista (para abajo) son muy importantes para que la gente primermundista conserve sus derechos laborales, buenos salarios y beneficios sociales que en otros lados son sólo una utopía.
Total, el mundo desde hace mucho tiene una apendicitis tamaño diablo y no hay ningún médico ni cirujano que quiera extirparle tal órgano.
Y bueno, en estos momentos una amiga está siendo operada de apendicitis, sólo espero que su operación sea una más de rutina y no se convierta en uno de esos casos mutantes al puro estilo Dr. House.