Y fué que de repente, el tiempo se detuvo. Alguna vez un sabio escribió hipótesis al respecto, las causas y que de estas, el universo simplemente se quedaría tal cuál y el único remedio para tal problema, sería que la mano de Dios destruyera todo y lo rehiciera de nuevo. Pero de todas las posibles causas que el sabio pensó, ninguna ocasionaba tal acontecimiento.
En un balcón, un niño deseaba ser niño por mucho tiempo y no crecer, seguir jugando con los aviones que tenía en las manos y disfrutar de los sueños de la infancia tales como ser piloto o mañana ser bombero, así como ayer quiso ser policia. Y fué en el momento en que el niño pensaba esto cuando el tiempo se detuvo. Y el niño fué siempre niño, los años fueron cuantiosos para alguien que hubiera contemplado tal evento. Hubiera visto la escena como la instantánea de una fotografía, en la que el niño sonreía al cielo y divisaba sus aviones cruzando ese cielo infinito.
En otra parte una pareja de jóvenes se juraban amor eterno, hacían planes y promesas para sus futuros, se contemplaban con ese brillo único de los enamorados y el tiempo el uno al lado del otro se les hacía muchas veces tan corto, que deseaban que fuera más tiempo para estar juntos. Y al igual que con el niño, en ese momento el tiempo se detuvo cuando las miradas de ambos se encontraban, cuando sus manos se sostenían con fuerzas mientras hablaban del tiempo que pasarían juntos uno con el otro. Era tan viva la mirada de aquellos jóvenes, que parecía que el tiempo seguía transcurriendo en el espacio que separaba aquellos ojos.
Y fué que mientras un anciano sostenía dulcemente la mano de su esposa que se encontraba postrada en la cama de un hospital, que quiso que ella siguiera viva por muchos años más, que siguieran juntos aún a sabiendas de que ella tenía cáncer y que era terminal. Deseo con todas sus fuerzas minutos, horas, días cualquier cantidad de tiempo que se les pudiera regalar para seguir juntos. El tiempo se detuvo cuando el anciano acariciaba suavemente la cabellera de su esposa y esta le respondía con una caricia en la mejilla. Una lágrima cayó de los ojos del anciano y se detuvo en medio del aire y a través de esta lágrima se podían reflejar todos los sentimientos del anciano por su esposa, amor, ternura, cariño y sobretodo esperanza.
Una enfermera entregaba a su madre una niña recién nacida, una pequeña criatura que con los ojos cerrados contemplaba aquél nuevo mundo que le recibía. Su madre la sostuvo en sus brazos y acercándosela al pecho deseo que este momento durara para siempre. En el momento en que la niña al entreabría un ojo para contemplar de quién era el dedo que sujetaba con tanta fuerza el tiempo se detuvo. Se detuvo el tiempo suficiente para que su madre pudiera conocer a su hija y para que su hija pudiera conocer a su madre, para que se hicieran grandes amigas y confidentes.
Un hombre dormitaba en el pasto después de una larga jornada de trabajo, esperaba que con una pequeña siesta pudiera recobrar las suficientes energías para terminar su día de trabajo. Nunca espero dormirse bajo aquél agradable clima de verano, pero era tal su cansancio que terminó por dormir. Y su siesta se convirtió en un sueño casi eterno y su cuerpo recobró las energías no de ese único día de trabajo, si no de todos aquellos días que no habiendo podido descansar como debía, era necesario un sueño conciliador.
En el auditorio de una universidad, un grupo de científicos discutían y trataban de encontrar la respuesta a un problema al cuál, no habían podido encontrar una solución en varios meses de reuniones y discusiones. Se encontraban todos meditando, pensando, calculando, cada uno ya sin ideas y sintiéndose encerrados en un callejón sin salida. Pero el tiempo se detuvo y cada uno de ellos pensó por años incalculables en el problema y en nuevas ideas y posibles soluciones.
Y he aquí que un día como cualquier otro, el tiempo se cansó y se tomó un descanso. Después un suspiro muy profundo decidió continuar con su tarea. Aunque para el tiempo esto sólo haya durado un instante, para los hombres duró eones de años que sólo fueron perceptibles al mismo tiempo.
Y un niño que deseaba con tanto ahínco ser niño dejó sus juguetes en el suelo para salir corriendo en busca de su mamá y decirle que deseaba ser grande para ser piloto y llevarla por los aires. Una pareja de jóvenes sintiéndose apenas saciados de estar el uno con el otro se levantaron de la banca en que estaban, decidiendo emprender el camino de regreso a sus casas, prometiéndose verse al otro día con esa hambre que se tiene de ver a las personas queridas. Una lágrima cayó en la mano de una noble anciana mientras esta enjugaba unas lágrimas que iban escapándose a unos ojos suplicantes de un milagro. En una cama de hospital, una pequeña que apenas acababa de llegar a este mundo y que siendo sostenida por los brazos de su madre, entreabriendo un ojo y le sonrio. Un hombre que dormitaba en el pasto despertó y sintiéndose con nuevas energías después de un sueño conciliador se dirigió a su trabajo. En los pasillos de una universidad, se podía escuchar la discusión que nuevamente tenían varios científicos respecto a un problema.
Y fué muchos años después que el niño se volvió piloto. Que una pareja de jóvenes, ahora adultos habían formado una familia y habían cumplido cabalmente sus promesas. En un cementerio local, se encontraban dos lápidas juntas cuya pareja estaba junta por toda la eternidad. Una hija hablaba por teléfono con su madre de su nuevo novio, esperando de su madre alguna recomendación o consejo, que a lo largo de su vida habían sido muy útiles. Un hombre ya mayor, se encontraba sentado en el pasto sin sentir de nuevo cansancio. Y una universidad se volvió famosa por su contribución a la ciencia y al mundo.
Y el tiempo siguió avanzando por el camino que sólo el sabe.